El design thinking es una metodología para generar ideas innovadoras, enfocada en las necesidades de los clientes actuales y potenciales. Esta técnica busca resolver problemas de la forma más eficaz y creativa posible. Se puede aplicar a diversos procesos de diseño, desde la definición del modelo de negocio de una empresa hasta el diseño de productos y servicios específicos, la identidad de marca, entre otros.
El nombre design thinking significa pensamiento de diseño en inglés.
Al ubicar al usuario en el centro del proceso, la metodología del design thinking permite conocer y empatizar con sus necesidades para satisfacerlas mejor. Los productos y servicios que resulten de este ejercicio serán realmente apropiados para el target.
Esta metodología ofrece un equilibrio entre el lado más análitico y el emocional del equipo de trabajo, y es ideal para la colaboración grupal, fomentando el intercambio entre diversas áreas.
El design thinking involucra diversas herramientas para ampliar la perspectiva de quienes participan en el proceso creativo. Al trabajar en equipo para entender al usuario, esta metodología promueve la originalidad e innovación.
Esta metodología incorpora pruebas y prototipados rápidos desde los bocetos iniciales, por lo que posibilita tener una idea mucho más precisa de cómo podría funcionar el diseño que se está trabajando, permitiendo pulirlo y hacer el proceso más eficiente.
El design thinking se centra en “ponerse en los zapatos” del usuario para comprender sus necesidades en profundidad y, de esta manera, atenderlas eficazmente.
Como se ha visto, el design thinking ayuda a innovar en la comunicación con la audiencia. Asimismo, dentro del mundo digital, permite solucionar problemas en el ámbito tecnológico y comercial. Las empresas suelen usar esta metodología para desarrollar estrategias de marketing digital, así como para campañas específicas, diseño de experiencia de usuario (user experience) y hasta para generar contenidos.
Esta metodología plantea una serie de pasos para llegar a una solución concreta ante el problema planteado. Si bien las etapas pueden variar ligeramente, en líneas generales, deben considerarse estas cinco:
Se debe observar al cliente y colocarse en su lugar para identificar sus problemas y necesidades. Sirven la observación, las entrevistas, el mapa de la empatía, el perfil del buyer person y el mapa del customer journey.
En segundo lugar, se define el problema concreto que se quiere solucionar. Herramientas como el point of view (punto de vista) ayudan a resumir en una oración qué necesita realmente el cliente y por qué.
Es el momento de que la creatividad del equipo fluya, exponiendo sus perspectivas para solucionar el problema definido. Es importante criticar las ideas para ponerlas a prueba. Son útiles herramientas como el brainstorming (lluvia de ideas), mapas mentales, entre otras.
Una vez aprobada una idea, se genera una representación física de esta. Para el mapa de experiencia o story boards, por ejemplo. El reto es lograr un modelo que se pueda evaluar para saber si funciona.
Finalmente, toca probar el prototipo mejorado con el cliente, observar su experiencia, realizar encuestas de satisfacción, y analizar en qué medida resuelve el problema definido. De pasar la prueba, el producto estará listo para ingresar al mercado en una primera versión.
Por último, recuerde aplicar correctamente, ya que es indispensable saber a quién te diriges y cuáles son sus necesidades. Dejános tu comentario y opiniones para resolver cualquier duda.
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